Monthly Archives: junio 2014

Abisinia

Un anticipo de Abisinia, la novela de Vlady Kociancich que publicamos este mes.

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Maquetación 1No te equivoques, posteridad, en tu juicio de Irene. Yo lo hice y el error ha convertido mis noches en un pantano de tristeza y de culpa. Durante mucho tiempo confundí su moral con el estricto acatamiento a las leyes de la única religión que una muchacha educada en provincias y bajo la autoridad de una vieja podía conocer. Hasta que un día de mi convalecencia, Piquet dijo:
—Su prima tiene un gran sentido estético.
Iba a reírme abiertamente cuando la seriedad en la cara de aquel amigo tan poco afecto a las bromas me contuvo.
—¿Usted cree?
—De modo que cierto artista no lo ha percibido todavía —ironizó—. Irene ha puesto su alma en la casa, Durand. Y en el alma de esta joven hay un profundo amor por la belleza. Me asombra que no vea los cambios.
—¿Cambios?
Cegado por mi egoísmo, aplicado a ocultar mi desdicha, no había visto otros cambios que los hechos en mi taller, en mi silla de ruedas. Por otra parte, si existía una transformación en la casa, era tan difusa y sutil que pedía ojos fríos y expertos —los ojos de un marchand—para salir a la superficie.
En un primer momento, ante la vista de los mismos muebles y los mismos objetos en la sala, creí que Piquet se había vuelto loco. Luego, guiado por Piquet, empecé a internarme en la forma nueva de ese antiguo cuarto. Debí admitir la diferencia. En una pared, antes desnuda, había ahora un cuadro; en otra, un tapiz que perteneció a mi madre
y que lo recordaba colgado en la habitación tanto tiempo cerrada donde después murió mi tía. Brillos de plata y bronce cortaban la áspera oscuridad de la madera española y donde solía ver ramos desprolijos de verbena o retama, había ahora un vaso de cristal con una sola rosa.

Historia, realidad y ficción.

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“Me intereso por la claridad expresiva, por hacer decir a las palabras tanto como son capaces, por hacer una cama intacta para que sobre ella caigan las cosas atroces. Trato de escribir textos que me gustaría leer si no los hubiese escrito yo. Sin dudas, una larga cantidad de años escribiendo poesía y publicando libros del género influyen. Pero me parece que hay que tener el cuidado, la precaución, cuando se escribe novela, de no buscar el verso del poema”.

Leer más en Rafael Bielsa: “Me hubiera gustado ser sólo un gran escritor”. Entrevista a Rafael Bielsa por Gracia Petrone. 

Esa mujer

Por Rafael Bielsa*DSCN0572

Viernes 25 de abril en Neuquén. Afuera ya es de noche, un negro al agua que se seca. Adentro del salón que nos prestara la Asociación Mutual Universitaria del Comahue, acaba de terminar la presentación de la novela Tucho – La ‘Operación México’ o lo irrevocable de la pasión. Firmo ejemplares, pienso en que el libro hubiera podido llamarse “Lo irrevocable de la pasión” a secas, quizás hubiera debido llamarse “Tucho y María”, respondo a preguntas como migajas arrojadas a un parque, inquiero a nombre de quién debo escribir la dedicatoria. Un muchacho que oscila la treintena me dice que uno de los pivotes del libro es el final de la conferencia de prensa que Tucho dio en la casa de la calle Alabama, en México Capital, mediante la que denunció que los militares que mantenían secuestrada a su mujer embarazada, María, lo habían enviado a infiltrarse en la Conducción de Montoneros para asesinar a sus miembros.

Sobre “¿Por qué prohibieron el circo?”

Por Mempo Giardinelli*

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Escribí mi primera novela cuando tenía menos de veinte años pero también la decisión blindada de que la literatura sería mi vida. El título era “La tierra de uno”, y rápidamente descubrí que como novela no valía nada y por eso duerme hoy un justo sueño.
Pero aquel aprendizaje juvenil me sirvió para escribir una segunda novela, que empecé a los veintiún años, durante el servicio militar. Es ésta que usted lee y su primer título fue Toño, y más tarde Toño tuerto rey de ciegos.
En 1973 la presenté al Concurso Latinoamericano de Novela del diario La Opinión, cuyo jurado era intimidatorio: Juan Carlos Onetti, Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar y Rodolfo Walsh.
No lo gané, pero mis expectativas se cumplieron con holgura: Roa Bastos y Walsh destacaron explícitamente mi novela en el largo artículo que el diario dedicó al veredicto, el domingo 13 de mayo de ese año.