“Con Guillot descubrí la lectura como pasión”

Por Jorge Consiglio*

Cuando era chico, el centro de Buenos Aires (en rigor, “el centro” a secas) era para mí una abstracción, una entelequia fabricada con los relatos que mi viejo contaba en las sobremesas de las cenas. Vivíamos en Villa del Parque. Mi viejo trabajaba en Viamonte y Cerrito. Una hora en el 146. No estábamos a una gran distancia; sin embargo, a partir de su narración cimenté un espacio mítico con leyes propias. Un espacio de entidad blindada: ni siquiera el cotejo con lo real pudo alterarlo. De ese lugar me llegaron los primeros libros. No sé si estrictamente los primeros, pero son los que la memoria, con ese carácter fundacional que parece querer imponerle a todo, elige como tales.

Invierno. Más o menos las seis de la tarde. Mi viejo vuelve del laburo. Tomá, me dice. Me pasa una bolsa de plástico de Kapelusz. Adentro hay un libro de la colección Iridium, en cuyo catálogo −que parece infinito− están todos los clásicos de aventura que merecen ser leídos. Es Fonabio y el león de René Guillot. Pasaron los años, las décadas. La verdad es que me olvidé por completo del argumento de ese libro. Me enteré muchísimo después que Guillot había sido un matemático francés. Se había dejado arrastrar por su pasión, el periodismo, y había terminado en Senegal. Creo que sus ficciones son producto de esa experiencia. Lo que sí me quedó en la cabeza fue el tremendo placer de su lectura. Volvía de la escuela, comía y me encerraba en mi pieza con el libro. Le metía varias horas. Puede decirse que con Guillot descubrí la lectura como pasión. Esa sensación inigualable de hilvanar intimidad a partir de lo dialógico. Me topé de golpe, sin proponérmelo, con la felicidad que deparan los encuentros, porque de eso, justamente, se trata leer. Después vinieron otros libros de esa misma colección. Me gustaron más que el primero. Los de Julio Verne, por ejemplo. El faro del fin del mundo y 20.000 leguas de viaje submarino. Esa experiencia, casual, aleatoria, me cambió la vida. Me abrió las puertas a una curiosidad única que siempre se renueva.

*Autor de las novelas El bienPequeñas intenciones y del libro de cuentos El otro lado.

La imagen del post corresponde a la tapa de Fonabio y el león de René Guillot (Kapelusz).

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