Autores en tres párrafos: Jack Kerouac

Por Gustavo Ristre (Stand de Riverside Agency)

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Escapé a la obra de Jack Kerouac durante mucho tiempo y después, cuando finalmente leí En el camino, me lamenté por haber sido tan obstinado. Explicar el prejuicio que me enemistó con un libro es algo que va a hablar mal de mí, pero también puede ayudar a que otros no caigan en el mismo error.

Corría bajo la siguiente impresión: la literatura de Kerouac giraba más en gratificarse por ser un bohemio superado que por su habilidad para contar algo. Que estaba en la corriente “mi vida es un arte, soy artista y mírenme, soy artista”. Donde escuchaba hablar de los viajes de la generación beat, veía a los abuelos de las hoy poetisas palermitanas que hacen turismo de aventura fotografiando pobres en el altiplano andino y un paralelo escrito a los cineastas de películas solo aptas para sus familiares y amigos.

Todo lo contrario. Jack Kerouac se lanza a la carretera norteamericana, retrata artistas y buscavidas, festeja con ellos, se emborracha, se mete en problemas. Pero nunca pierde la perspectiva de lo que hace: escribir. Todo esto trabajando los más diversos oficios y ahorrando para comprarle una heladera a su madre. Es probable que a mi prejuicio original le faltase perspectiva histórica: la generación beat peleaba por diferenciarse de un mundo que los había llevado a la segunda guerra mundial y no del recuerdo del divorcio de papá y mamá. A los temerosos de los estereotipos, lean tranquilos.

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