Anticipo

Lo que vendrá

 

Lo que vendrá - Liviano grande

Les anticipamos las novedades de nuestros amigos (y distribuidores) de Riverside Agency para el mes de noviembre:

Más liviano que el aire de Federico Jeanmaire (Edhasa)
Letargo de Perla Suez (Edhasa)
Hijo de mala madre de Bernardo Carvalho (Edhasa)
La entrega de Dennis Lehane (Salamandra)
Para Isabel. Un mandala de Antonio Tabucchi (Anagrama)
Calle de las Tiendas Oscuras de Patrick Modiano (Anagrama)
La hierba de las noches de Patrick Modiano (Anagrama)
En el café de la juventud perdida de Patrick Modiano (Anagrama)
Niveles de vida de Julian Barnes (Anagrama)
El mundo deslumbrante de Siri Hustvedt (Anagrama)

 

 

Abisinia

Un anticipo de Abisinia, la novela de Vlady Kociancich que publicamos este mes.

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Maquetación 1No te equivoques, posteridad, en tu juicio de Irene. Yo lo hice y el error ha convertido mis noches en un pantano de tristeza y de culpa. Durante mucho tiempo confundí su moral con el estricto acatamiento a las leyes de la única religión que una muchacha educada en provincias y bajo la autoridad de una vieja podía conocer. Hasta que un día de mi convalecencia, Piquet dijo:
—Su prima tiene un gran sentido estético.
Iba a reírme abiertamente cuando la seriedad en la cara de aquel amigo tan poco afecto a las bromas me contuvo.
—¿Usted cree?
—De modo que cierto artista no lo ha percibido todavía —ironizó—. Irene ha puesto su alma en la casa, Durand. Y en el alma de esta joven hay un profundo amor por la belleza. Me asombra que no vea los cambios.
—¿Cambios?
Cegado por mi egoísmo, aplicado a ocultar mi desdicha, no había visto otros cambios que los hechos en mi taller, en mi silla de ruedas. Por otra parte, si existía una transformación en la casa, era tan difusa y sutil que pedía ojos fríos y expertos —los ojos de un marchand—para salir a la superficie.
En un primer momento, ante la vista de los mismos muebles y los mismos objetos en la sala, creí que Piquet se había vuelto loco. Luego, guiado por Piquet, empecé a internarme en la forma nueva de ese antiguo cuarto. Debí admitir la diferencia. En una pared, antes desnuda, había ahora un cuadro; en otra, un tapiz que perteneció a mi madre
y que lo recordaba colgado en la habitación tanto tiempo cerrada donde después murió mi tía. Brillos de plata y bronce cortaban la áspera oscuridad de la madera española y donde solía ver ramos desprolijos de verbena o retama, había ahora un vaso de cristal con una sola rosa.

Conversación con la estufa

 

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Como anticipo de esta novedad de Edhasa, compartimos con ustedes uno de los relatos de Hermann Hesse que integran Cuentos maravillosos.

Conversación con la estufa

Está ante mí, corpulenta, panzuda, con las grandes fauces llenas de fuego. Se llama Franklin…

–¿Eres tú Benjamín Franklin? –le pregunté.
–No, sólo Franklin, Francolino. Soy una estufa italiana, una excelente invención. No caliento mucho, pero como invento, como producción de una industria muy desarrollada…

–Sí, ya lo sé. Todas las estufas con nombres hermosos calientan mucho, todas son invenciones excelentes, algunas son productos gloriosos de la industria, como se demuestra en los prospectos. Yo las aprecio mucho, merecen admiración.
Pero dime, Franklin, ¿cómo es que una estufa italiana lleva un nombre americano? ¿No es esto extraño?

“Tucho”

Por Rafael Bielsa

Apenas llegados, liberó el hábito de armar en un santiamén algo transitorio que se pareciera a un hogar; había acomodado unos libros sobre la repisa del living comedor. “Reportaje al pie del patíbulo” de Julius Fucik, “La verdad sobre el caso Savolta” de Eduardo Mendoza, “Su hora más gloriosa” de Churchill –un viejo ejemplar de la editorial Peuser-. Alguno más, junto al que se podía viajar sin llamar la atención. También había guardado los dólares, detrás del zócalo que finalizaba en la puerta de salida al balcón, frente al corazón de manzana.
–Sí, una hora –dijo María–. ¿Sabés qué…? ¿Y si esta vez nos quedamos en Argentina? –ella, el Quinqui y Tucho caminaban entre la gente en la “Tienda los Gallegos”–. ¿Acaso no sos miembro del Consejo Nacional del Partido, Jefe de la Columna Rosario?

El debut de la Resistencia peronista

Por Ignacio Montes de Ocaresistencia 1 (1)

La organización de la Resistencia Peronista comenzó a gestarse a poco de ser derrocado el gobierno justicialista en 1955. Pero su primera gran campaña de sabotajes no se dio contra un régimen militar, sino contra el gobierno democrático de Arturo Frondizi.

“Los cuerpos y las sombras”

Por Eduardo Sguiglia

Bajo Las Chacras, Santa Fe, 25 de octubre, 22:15

Los cuerpos y las sombras

¿La vida de cuántos compañeros presos o desaparecidos hubiera costado la de Videla? ¿De veinte? ¿De cien? ¿Doscientos? ¿Y la de Martínez de Hoz, Harguindeguy y del resto de los hijos de puta que viajaban en aquel momento en el avión? Aun así, ¿hubiese valido la pena? ¿Hubiera sido otra la Argentina? ¿Se hubiese desplomado la dictadura?
No lo sé, hermano, hasta ahora no lo sé.
Miguel escucha los interrogantes de Ernesto, se aleja un paso de la parrilla y se da vuelta para mirarlo. Lo mira fijamente a los ojos. Ernesto permanece quieto, con un purito en la mano y la cabeza un poco inclinada. Está sentado en una silla de lona y tiene las piernas cruzadas. Del purito de Ernesto se eleva, enroscándose en su cara, un tenue hilo de humo. Miguel piensa por unos segundos que le cuesta revisar el pasado con los pies en el presente. El pasado nunca está muerto. No, ni siquiera es pasado. ¿Dónde leí eso? No. Tal vez no está muerto, dice para sí.