Subrayados

¿Cultura de lo superfluo o Cultura de la resistencia? Tres subrayados para un viaje (europeo)

Por Maristella Svampa, autora de El muro y Donde están enterrados nuestros muertos

Milan Kundera. Crédito Tusquets.

Un hombre le explica a otro la inutilidad de lo brillante, a la hora de seducir una mujer. “Más que inutilidad, nocividad. Cuando un tipo brillante trata de seducir a una mujer, ésta tiene la impresión de entrar en una competencia. Se siente obligada a brillar también. A no entregarse sin resistencia. En cambio, la insignificancia libera. Derriba las precauciones. No exige ninguna presencia de ánimo. La vuelve despreocupada y por tanto más accesible”. Hago una mueca mientras subrayo, prescindo de la crítica feminista y continúo leyendo. La obra me parece superficial, demasiado leve, con ecos un poco extemporáneos que la aproximan al teatro del absurdo.
Más adelante, casi al final del libro, página 139, continúa hablando el mismo personaje por donde asoma la voz y la mirada del autor: “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Ella está con nosotros por todos lados y siempre. Está presente incluso en la persona que no quiere verla: en los horrores, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias. Esto exige coraje para reconocerla en condiciones tan dramáticas y para llamarla por su nombre. Pero no se trata solamente de reconocerla, hay que amarla, a la insignificancia, hay que aprender a amarla. Aquí, en el parque, delante nuestro, amigo mío, está presente con toda claridad, con toda su inocencia, con toda su belleza”.

Tres por uno: Dick, Pynchon, Solari.

Por Marcos Herrera, autor de Polígono Buenos Aires.

dick

Hay algunos escritores que hacen saltar por los aires los decorados y las convenciones del género.

Philip Dick lo hizo con la ciencia ficción. Es un escritor que no descarta las posibilidades del panfleto como dispositivo de choque. Sus relatos son siempre críticos. Atacan la lógica del adormecimiento y la farsa del american way of life. El párrafo subrayado pertenece a una de sus mejores novelas: Una mirada a la oscuridad (1977):

Aquí me pongo a bailar al compás de la vigüela

Por Germán Maggiori*

Subrayo en la página 67: “Los aspirantes al rubro malambo mayor –y los campeones de los años anteriores- se apegan a un código que obedece al viejo lema que manda que no sólo es importante ser sino parecer. Así, cualquier aspirante –o cualquier campeón- acerca de quien circulen rumores relacionados con la bebida, la juerga o, incluso, hábitos descuidados de vestimenta e higiene, recibirá un daño permanente en su prestigio.”