Instrucciones para armar un circo imaginario

Por Perla Suez

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Consíguete un sillón preferentemente de terciopelo o de una tela que al tacto sea como la piel del durazno.
Siéntate como si estuvieras en tu casa.
No hace falta que mires al frente, ni siquiera hace falta que mires.
Escucharás el redoblar de un tambor.
Verás levantarse el telón y aparecerá el domador.
Lleva un traje atigrado con estelas doradas, el cabello rojizo es abundante y está revuelto. Tiene botas de cuero de cebra y un sacón de la misma piel.
El domador se acercará a la jaula y con el látigo en mano, abrirá la puerta desafiando al enorme tigre de Bengala.
La fiera se parará en sus dos patas y de un zarpazo tomará el látigo. Por miedo a ser devorado, el domador responderá a las órdenes que el tigre le dará lanzando rugidos, incitándolo a saltar a través del anillo de fuego.
Después, lo hará pararse en un banquito asestándole golpes con la lengua del látigo y dándole otro golpe más para que baje, lo obligará a entrar en la jaula.
Cerrará la puerta detrás de él y con una de sus garras saludará al público que lo aplaudirá de pie. El tigre desaparecerá bajo el telón.
El presentador anunciará que a continuación verán un ejemplar único de hembra de una especie de mamíferos extinguida.
La tiene sumergida medio cuerpo, en una bañera con un líquido viscoso parecido a la tinta que segregan los moluscos. Los cabellos lacios le caen sobre los hombros como a una sirena. Fuera de su tinta no sobrevivirá, dice el presentador.
Y continúa hablando mientras aquél ejemplar de sirena se desvanece sigilosamente por el resumidero de la bañera.

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