Ramal al infierno: el escritor como cuchillero

Por Marcos Herrera*

Este texto fue leído por el autor en la presentación conjunta de su novela, Polígono Buenos Aires, y la de Germán Maggiori, Entre hombres. 

Hace unos años, la revista digital El interpretador publicó una encuesta que le hicieron a una serie de escritores argentinos. Una de las preguntas era algo así como ¿Si tuviera que comparar la escritura literaria con un oficio o con una profesión, cuál sería?

Marcos Herrera y Germán Maggiori en la presentación de sus novelas.

Marcos Herrera y Germán Maggiori en la presentación de sus novelas.

No me acuerdo por qué no mandé mis respuestas. Creo que estaba deprimido. Pero me quedé pensando en esa pregunta. Hubo muchos carpinteros, me acuerdo. Luego de dar vueltas llegué a la conclusión que la escritura es como el arte del cuchillero o, como dicen en México, el filero. Escribir como destreza violenta de defensa y ataque. Las analogías que encontré (seguramente había fumado alguna cosa) fueron muchas. Incluso la relación con el envejecimiento. De los escritores y de los cuchilleros. Tanto unos como otros pierden fuerza pero adquieren destreza, mañas. Los escritores, los verdaderos, como los cuchilleros, somos incómodos para el colectivo social. Ponemos incómodos, como mínimo. Y a veces somos una amenaza. Piensen en Artaud, en Bukowski (que de hecho sacó un cuchillo cuando fue invitado al prestigioso programa Apostrophes en París), en Burroughs, en Walsh. Una de nuestras funciones es MATAR el sentido común.

No hay ningún escritor argentino contemporáneo que escriba con tanta maestría, precisión, fluidez y naturalidad la violencia como Germán Maggiori.
Se puede decir que la escritura de ficción ES violencia. En el sentido de que funda un mundo, una poética para explicar el mundo, un relato para tratar de entender por qué las cosas son como son y funcionan como funcionan. Y como toda verdadera fundación se realiza abriéndose paso a los codazos, con las armas que se tienen a mano, para alzar la voz con su verdad. Y esto implica dejar al descubierto el mecanismo de relojería de la mentira que asegura el funcionamiento de una sociedad que se resiste a los actos de sinceridad. La obra de Celine es uno de los mejores ejemplos de este procedimiento.
Entonces, podemos decir que en la literatura de Maggiori existe un doble juego con la violencia. Por un lado narra actos ultraviolentos y por el otro tiene la helada simplicidad del que se maneja con argumentos que desbaratan las puestas en escena de las convenciones y las ceremonias sociales creadas por la civilización para que la carnicería se realice de queruza, de manera acotada, o sistemática y lentamente dentro de los marcos de la ley.

“Nuestro tiempo de vida es absurdo por escaso. Por eso nos vimos urgidos a desarrollar un recipiente como la memoria y una fórmula para evitar la locura, dónde olvido e imaginación se funden en historias que abrazamos como náufragos a los restos del crucero de lujo que abordamos por error o por obra del destino. Las ficciones que construimos son elaborados mecanismos de sobrevivencia pero son, también, coordenadas privadas trazadas sobre ese inconsciente colectivo”.

Herrera, Maggiori y Fagnani

Herrera, Maggiori y Fagnani

Esto que acabo de leer es un fragmento del prólogo al libro de relatos Poesía estupefaciente, de Germán. En esta declaración se cifra otro de los pilares de la literatura de Germán: la ficción como mecanismo de supervivencia. En realidad, esta es una de las más antiguas razones por las cuales los hombres empezamos a contar historias alrededor de una fogata. Para exorcizar, entender y ordenar los misterios, las brutales paradojas y el caos que nos rodea. Entonces, se puede decir en este sentido que la literatura de Germán se inscribe en la mejor tradición de la literatura popular.
¿Qué es la literatura o el arte popular? Es la manifestación que condensa una cantidad de significados con las formas justas para que un colectivo mayoritario se sienta representado. Aunque muchas veces estos artefactos que fascinan vayan en contra de lo que piensan a priori estos individuos. Para decirlo de otro modo, el arte popular es aquel que empuja al público a ir un poco más allá, el que le revela cosas que conocen pero que nunca habían visto bajo esa luz. Y acá me gustaría hacer una diferenciación fundamental. El arte popular no es necesariamente un éxito masivo instantáneo. No es el que festejan las usinas de comercialización de la cultura, porque no necesariamente recaudan al toque. Paulo Cohelo o Isabel Allende no son arte popular porque simplemente no son arte, son televisión. Telenovelas, talk shows de autoayuda, eso.
Arlt es literatura popular, Dostoievsky, y también César Vallejo y Federico García Lorca y Bertolt Brecht y Bukowski y Rodolfo Walsh.

Entre hombres es la primera novela de Germán Maggiori. Sin embargo, no parece una primera novela. Hay una escritura totalmente afianzada. No hay tanteo ni duda. La seguridad con la que va narrando los relatos que se entrelazan para crear un verosímil sin fisuras, nos muestran una maestría que pocas veces se encuentra en las primeras novelas. Todo encaja a la perfección, por ejemplo las comparaciones, que tienen la contundencia de los refranes, los dichos populares, los insultos o los chistes zarpados que te hacen largar una carcajada aprobatoria que celebra esa espantosa poesía.
Ahora, se me ocurren dos ejemplos de gran madurez en primeras novelas: Kinkon, de Miguel Briante y Los desnudos y los muertos, de Norman Mailer. Y no es casual que se me hayan ocurrido estas dos primeras novelas de estos dos grandes escritores. En las dos, la cuestión de la violencia es central y en las dos, como en Entre hombres, se hace una radiografía de la división de clases, del racismo, del uso que el poder hace de los seres humanos como si fueran los muñecos de un metegol siniestro, atravesados por los ejes que gobiernan sus movimientos.
Y esto nos lleva a decir que en la novela de Germán la verosimilitud no tiene discusión, entre otras cosas, porque cada acción de los personajes está justificada por sus biografías, o sea: por quienes son y dónde están. El Mostro Garmendia es el resultado de su experiencia. Lo mismo pasa con el Tucumano Cortez, con el Pájaro Bustos y con Mosca y el Zurdo. El texto se ocupa de presentarnos a sus héroes y sus patologías. Y acá parece funcionar la lógica de ACCIÓN – CONSECUENCIA. El ser humano no es malo al nacer sino que aprende a serlo. Básicamente porque conoce la maldad que se le aplica directamente y porque descubre rápido que en este mundo hay cazadores y presas, que el más chico se come al más grande y así.
Estas cuestiones son un lugar común. Y aquí hay otro punto sobre el que me gustaría hablar. Existe un manual para escritores que dice que hay que evitar los lugares comunes, que hay que buscar la originalidad. Por supuesto hay muchas maneras, muchas estrategias para realizar esta operación. Una de ellas es ir hacia el lugar común y carnearlo (como un cuchillero) hasta llegar a su núcleo, arrancarlo y mostrarlo al mundo. Ahí pasa algo que se llama revelación. Porque los lugares comunes no existen, son hechos revestidos por la cobertura de repostería de la estupidez humana que los hace ver iguales, previsibles, sin alma.

Maggiori es un buen cirujano. Metafóricamente hablando y literalmente hablando. Lo suyo es el bisturí. Gonzalo Garcés se pregunta en una nota que salió en la revista Ñ:

“¿Cómo un relato que, al menos en los hechos, combina la truculencia con los lugares comunes llega a convertirse en una suerte de clásico contemporáneo y en una de las novelas más vitales de la Argentina?

Siempre sospeché (dice Garcés) que la novela negra es un género ingrato que nos avenimos a leer a cambio de sentir que espiamos un mundo inaccesible. Pero cuando todo lo que nos dicen sobre ese mundo es más o menos lo que ya pensábamos de antemano, ¿en qué queda el trueque? Sin embargo, Entre hombres cautiva. En realidad, uno siente que la verdad que late en el libro tiene poco que ver con su aspecto documental. Importa poco que haya lugares comunes porque esos lugares comunes son la materia con la que Maggiori va a construir su canción. Las salipicaduras de sangre, de semen, de droga se suceden sin descanso…”9789876282390 Entonces, dicho esto, quisiera afirmar que otro de los trabajos del escritor es desmantelar los lugares comunes para transformarlos en otra cosa. Y esto se puede lograr cuando se arremete contra el muro de la realidad para destrozarlo y ver cómo funciona. Un lugar común aislado e inmóvil es un lugar común. Pero un lugar común siempre funciona relacionado con otro lugar común y así sucesivamente. Son como las cadenas de carbono. Al ver cómo funciona el conjunto dejan de ser lugares comunes. Con esto también trabaja, por ejemplo, Raymond Carver y, por supuesto, James Ellroy.  Germán Maggiori escribe unos relatos que combinan la mejor tradición de la literatura popular. Al igual que Arlt utiliza los géneros, la investigación periodística e histórica y los mezcla con la información científica y con excéntricas especulaciones filosóficas. Y, al igual que Arlt, resiste cualquier posibilidad de domesticación. Esta es una de las características de las obras que perduran. Es literatura popular, no demagógica. Desoye los cantos de sirenas de la corrección política y los zumbidos centrípetos del control remoto con los que la Academia influye sobre tantos autores argentinos. Por supuesto que la clave es el lenguaje, la elección de las palabras con las que el narrador atraviesa la “selva espesa de lo real” para representarlo. Y también las fintas, los movimientos que esa escritura realiza en el fraseo y en el montaje. La velocidad con la que Maggiori narra es otro de sus grandes atributos. La velocidad es otra virtud para un cuchillero.
Presentación Herrera y Maggiori 034Por último y volviendo al principio: Entre hombres es una novela fundacional como El matadero. Si el relato de Echeverría se lee como texto de denuncia sobre el período de hegemonía Rosista, en el que se pone de manifiesto de manera paranoica la violencia que produce la lucha señalada por Sarmiento entre la civilización y la barbarie. Podemos decir que Entre hombres puede leerse como la novela que denuncia los efectos devastadores de la política menemista de los 90 (que fue la consolidación de la masacre –humana, política y económica- realizada en la última dictadura). Solo que en la novela de Maggiori no hay civilización, salvo en el personaje del doctor Celedonio Reyes, que se hace linyera tras la muerte de su joven esposa y que a través de sus escritos “filosóficos” denuncia el estado de las cosas. Pero, claro, el linyera es un médico que se volvió loco. Así que su lugar discursivo es totalmente excéntrico y marginal. Para mí, por las cosas que escribe y por la similitud del nombre y el apellido Celedonio es Macedonio y Reyes es Fernández.

Entre hombres se publicó por primera vez en 2001, realizó un recorrido casi subterráneo, pero lentamente va ir encontrando el lugar central que le corresponde en la literatura argentina.

*Autor de la novela Polígono Buenos Aires

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