Sobre “¿Por qué prohibieron el circo?”

Por Mempo Giardinelli*

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Escribí mi primera novela cuando tenía menos de veinte años pero también la decisión blindada de que la literatura sería mi vida. El título era “La tierra de uno”, y rápidamente descubrí que como novela no valía nada y por eso duerme hoy un justo sueño.
Pero aquel aprendizaje juvenil me sirvió para escribir una segunda novela, que empecé a los veintiún años, durante el servicio militar. Es ésta que usted lee y su primer título fue Toño, y más tarde Toño tuerto rey de ciegos.
En 1973 la presenté al Concurso Latinoamericano de Novela del diario La Opinión, cuyo jurado era intimidatorio: Juan Carlos Onetti, Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar y Rodolfo Walsh.
No lo gané, pero mis expectativas se cumplieron con holgura: Roa Bastos y Walsh destacaron explícitamente mi novela en el largo artículo que el diario dedicó al veredicto, el domingo 13 de mayo de ese año.
Fue un estímulo inmejorable, pero como siempre ha sido difícil encontrar editor para un primer original, mi caso fue uno más. Recién en 1974 Jorge Lafforgue decidió incluir Toño en la colección Narradores de Nuestra Época, de la editorial Losada. Lo celebré, obviamente, aunque todavía no sabía que ésta era una novela maldita. Primero porque por naturales demoras editoriales se fue postergando la publicación, que finalmente se produjo después del golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976. Y luego porque la edición completa de tres mil ejemplares fue retenida en las bodegas de Losada hasta que una noche del invierno de ese espantoso año argentino fue incinerada junto a miles de otros libros de Losada que los dictadores ordenaron quemar. Ésa fue la causa principal de mi exilio en México, hacia donde partí en cuanto pude.
En el oscuro trayecto perdí el único ejemplar que tenía, realzado por una bellísima tapa de Silvio Baldessari, el extraordinario ilustrador de aquella colección de Losada. En cambio, y por fortuna, conservé unas viejas galeradas de linotipo, sucias y entintadas, que me habían enviado de la editorial un par de años antes para corregir. Y que en México me sirvieron para tipear nuevamente esta novela, que sin embargo ya no me convenció y decidí abandonar, pensando que había envejecido. O acaso era que mis ideas literarias iban ya por otros carriles: en 1980 se publicó en España La revolución en bicicleta, que fue, de hecho, mi primera novela publicada. En 1981 y 1982 se editaron en los Estados Unidos El cielo con las manos y los cuentos de Vidas ejemplares. Y en 1983 recibí en México el Premio Nacional de Novela por Luna caliente.9789876282826(1)
En esos días me llamó el poeta Sandro Cohen, amigo y colega del diario Excelsior, y me propuso una cita con Luis Mario Schneider, un editor bastante prestigioso que para mi sorpresa resultó ser correntino de nacimiento y estaba lleno de nostalgias del mismo río Paraná y de las mismas siestas que yo añoraba, aunque él llevaba cuarenta años viviendo en México y no tenía nada que ver con el exilio político. Había fundado y dirigía la editorial Oasis, una empresa pequeña pero muy activa, y quería leer el original premiado.
De ese encuentro resultó la primera edición de Luna caliente, que se vendió en un par de meses e hizo que Schneider me pidiera otra novela. No tenía ninguna, pero le conté la historia de Toño tuerto rey de ciegos, abortada entre miles de otros libros quemados por los militares.
Schneider se entusiasmó y me ofreció publicarla también. No fue para mí una decisión fácil, porque ese texto requería una ardua reescritura. Habían pasado nueve años desde que Lafforgue aprobara el primer original, y en ese lapso yo había crecido y me reconocía mucho más exigente. De manera que me apliqué a un riguroso trabajo de reescritura durante varias semanas. Le quité malezas y vicios adolescentes, y también le cambié el título.
¿Por qué prohibieron el circo? se publicó, igual que Luna caliente, en la colección El Nido del Ave Roc, de Oasis. Y así como a la primera la presentaba en contratapa un texto de Juan Rulfo, a ésta la presentó uno de José Agustín, que los lectores encontrarán a continuación de este prólogo.
La novela se vendió más rápido que lo esperado, e igual velocidad tuvo mi arrepentimiento: decidí que era un texto menor, que ya no me representaba, y me prometí nunca más reeditarla y hasta la excluí de mi bibliografía.
Acierto o error, pasaron tres décadas hasta que en 2012 la encontré en la Biblioteca Alderman, de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, donde hay un único ejemplar encuadernado que me llenó de nostalgia. Pedí una copia escaneada, pensando en alguna futura labor de arqueología literaria.
Apenas dos meses después, desayunando con mi editor y amigo Fernando Fagnani, le conté esta historia y él se entusiasmó exactamente como Schneider treinta años antes. Me propuso rescatar esta novela y contratarla a ciegas, sin haberla leído, con lo que me metió en un compromiso porque yo ya no recordaba cabalmente el argumento.
Desde esa mañana, me apliqué a una lectura crítica de esta novela, pero con la decisión de no modificarla argumental ni estructuralmente. Sólo hice pequeños arreglos necesarios, cambié el nombre de un par de personajes, eliminé alguna alusión que ya no me interesa, y morigeré y perfeccioné la oralidad local de la historia, que originalmente reproducía vocablos en lenguas guaraní y qom (que entonces llamábamos “toba”). Hace cuarenta años era una valorable labor reflejar los sonidos de la oralidad. Hoy pareciera que ya no, pero quise mantenerlo igualmente porque creo que le da un justo sabor de época al texto.
Releer esta novela, avanzar en ella sin saber lo que seguía e incluso ignorando el final –puesto que no conseguía recordarlo– fue nomás un trabajo arqueológico personal. No me sobraba el tiempo ni andaba yo sin otros proyectos, pero comprendí que en esa tarea estaba reconociendo mi irrenunciable pasado literario. Y eso es, finalmente, casi todo lo que un escritor posee.

* Autor de Luna caliente, Santo Oficio de la Memoria, Imposible equilibrio, entre otros títulos.

Este texto forma parte del prólogo de la novela ¿Por qué prohibieron el circo?

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