Unas palabras sobre “Galveston” de Nic Pizzolatto

Unas palabras sobre Galveston

Por Sebastián Lidijover

Me gusta pensar en el género policial como un laberinto.
En el policial clásico tenemos un crimen, alguien que busca resolverlo y las mil vueltas que dará hasta lograrlo. Un caos de sospechas y traiciones en donde la única forma de salir es sujetarse a un hilo de Ariadna hecho de deducciones.
Leer un policial es avanzar hasta encontrar una salida.

Y después tenemos al policial negro. Donde ya no se trata tanto de salir del laberinto como de adentrarse. Sí, también habrá un crimen y los muros de la salida estarán construidos con la forma de su resolución, pero lo que se busca es otra cosa. Leer un policial negro es caminar hacia el centro del laberinto, un lugar oscuro en donde podemos encontrarnos con que el Minotauro que tanto perseguíamos éramos nosotros mismos.

Galveston es, sin duda, un policial negro.

Hablo de laberintos y minotauros porque algo del libro me hizo acordar a las tragedias griegas. Esa forma de tener el destino marcado, como una carga que no se puede eludir y de la que en algún momento habrá que rendir cuentas. Héroes y dioses que combinan bondad con las formas más crueles de la violencia. Capaces de bajar a lo profundo del infierno a buscar a la mujer amada y tan débiles de girar a último minuto y perderlas para siempre.

Roy Cody es un hombre con la muerte en los pulmones. Así empieza la novela. Un matón que al salir del médico, tras recibir la noticia que hay unos “copos de nieve” en su radiografía, prende un cigarrillo y pide un Johnnie Walker etiqueta azul en el bar del mafioso para el que trabaja. Un jefe que se ha cansado de él y que lo manda a una trampa de la que solo sale vivo porque quizás ya entró muerto.
Pero no es el único que sobrevive.
No quiero contar mucho de la trama, ni adelantar otros personajes que irán apareciendo. Prefiero respetar esa sensación que genera la novela al leerla: que avanza como un auto huyendo en la oscuridad de la noche. Solo vemos lo que está un poco más allá de los faros. Aún cuando la historia más adelante se desdoble en dos tiempos.

Nic Pizzolatto, quien unos años después creará la serie True Detective -con tantos puntos en común con Galveston-, concibió en este libro a un héroe. Un héroe al estilo griego. Capaz de las actos más oscuros mientras busca la redención.
Puede que nadie quiera pelear sus batallas, pero más de uno, si nos lo encontramos en un bar, compartiríamos unas cervezas.

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