Unas palabras sobre “La entrega” de Dennis Lehane

Unas palabras sobre La Entrega

Por Sebastián Lidijover

Mientras escribo esta reseña un dolor de muela me late en la mandíbula. Un dolor puro, que está en algún lugar entre el mundo y mi conciencia del mundo. Un zumbido que va ocupándolo todo.
Si tuviera que resumirlo diría que en algún momento algo dañino, algo oscuro y silencioso comenzó a crecer dentro de mí hasta el punto en que el dolor se volvió una especie de toma de conciencia, de decir basta. Y que para cuando decidí ir al dentista ya fue tarde. La solución, a esta altura, será arrancar algo. La muela. El nervio. Como si al obrar movido por el dolor el resultado, la mayoría de las veces, fuera una carencia.

Si tuviera que resumir La entrega diría exactamente eso.

No lleva más de un par de páginas querer a Bob. Es uno de esos personajes -grandotes, bonachones- que dan ganas de abrazarlo. Basta verlo un día atendiendo en el bar en el que trabaja para saber que los últimos diez años fueron igual. Soledad. Timidez. Una casa vacía a la que vuelve todas las noches.

La entrega es un policial negro en donde todos los personajes deciden que ya es suficiente. Que es momento de un cambio. Cada uno a su manera y por sus propias razones: Marv, Nadia, Eric… Bob. Todas historias que se entrecruzan la noche en que al salir del bar encuentra un perro en la basura, un cachorro golpeado a punto de morir que termina adoptando.

Una novela en donde no falta la mafia chechena ni el policía que busca un ascenso.
Iba a decir que tampoco faltan los tipos malos, pero prefiero creer que es como dice Bob:

-Todo el mundo es malo.
-No, no es cierto -dijo Bob-. La mayoría de la gente es buena.
-¿Ah, sí? -Una sonrisa de incredulidad.
-Sí, Sólo que, no sé, la gente la caga y luego la vuelve a cagar cuando intenta remediar la cagada anterior, y después de un tiempo ésa es su vida.

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